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Hace 52 años, el Ministerio de Salud de la Nación instituyó el 21 de noviembre como el Día de la Enfermería, en coincidencia con la festividad de Nuestra Señora de los Remedios, considerada patrona de la actividad. Como quienes realizaban esta práctica eran, en su mayoría, mujeres, nació como Día de la Enfermera.

 
 
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En este día especial que se celebra en todo el país vale un merecido reconocimiento a las enfermeras y enfermeros argentinos en mérito a su labor, porque es un oficio difícil, es necesario estudiar años en las escuelas especializadas, en universidades, y sobre todo sentir amor por los semejantes, cubrir turnos muy pesados, soportar desvelos y ver el sufrimiento de sus pacientes, sus enfermos, sus heridos, o en las campañas de prevención aplicando vacunas a tantos niños que por lo general lloran y el cariño y abnegación está siempre presente en el servicio que prestan, lo cual es invaluable.

En ellos la vocación, el sentimiento de protección aunado al profesionalismo y la calidez humana hace que nos preguntemos: ¿que sería de un hospital, un sanatorio, una posta sanitaria, de ese enfermo especial que necesita de su servicio permanente, sin los enfermeros?

 

Servicio a la comunidad

Una enfermera o enfermero es un profesional de la salud al servicio de la comunidad. Está capacitado para prestar servicios en la prevención de las enfermedades, promoción, protección, y recuperación de la salud, así como en la rehabilitación ya sea individual, familiar y comunitaria. Es decir su capacitación es orientada en lo asistencial, administrativo, docente y de investigación.

Si hacemos historia y nos remontamos a los orígenes de la enseñanza, eran de carácter benéfico y empírico, de las necesidades propias que requerían de su presencia, guerras, plaga, y catástrofes. Luego con el devenir del tiempo, esta disciplina profesional es impartida por universidades para cumplir sus funciones en los diferentes centros y hospitales, tanto nacionales, provinciales, fuerzas armadas, clínicas, servicios públicos o privados.

 

Patrona

Nuestra Señora de los Remedios es la Patrona de las Enfermeras Argentinas. Fue la primera que veneraron los conquistadores españoles, cuando Hernán Cortés la entronizó oficialmente en el año 1521, en el centro ceremonial que los aztecas, tenían para la veneración de sus ídolos en el sitio llamado Naucalpan.

La Virgen de los Remedios, asociada a la Conquista, sería por esencia la Virgen española y la patrona de los indígenas, que al abrazar la alianza hispana la toman por especial protectora.

En Buenos Aires durante la peste de 1727, fue proclamada "Patrona Menor de la Ciudad" para conjurar la fiebre tifus, que provocaba numerosas muertes.

 

Florence Nightingale

Florence Nightingale ha sido una mujer pionera en lo que a la Enfermería se refiere. Es necesaria la medicina, por supuesto. Y son necesarios los médicos. Pero un montón de médicos sin enfermeras son incapaces de realizar una labor semejante a la que puede hacer un solo médico con un grupo de enfermeras.

Y esto es lo que puso de manifiesto Florence Nightingale con su labor. Hay que reconocerle un enorme mérito en no dejarse vencer por los prejuicios de su época y saber mantener sus convicciones contra todas las dificultades.

Florence, británica como sus padres, vino al mundo el 12 de mayo de 1820 y está considerada, con toda razón, la madre de la enfermería moderna.

Nació en Italia, concretamente en Florencia, pues sus padres Willian Edward Nightingale y Frances Smith estuvieron viajando por Europa durante los primeros dos años de su matrimonio. Luego se establecieron cerca de Romsey en Hampshire.

 

Acción revolucionaria

La vida de Florence Nightingale es un ejemplo clarísimo de lo que puede hacer la mujer a favor de la sociedad cuando es capaz de llevar su genio y aportar precisamente lo que solo ella, desde su condición femenina, puede dar. Florence, en contra de las costumbres de su tiempo quiso llevar a cabo una labor en la sociedad y decidió hacerlo en el campo de la enfermería.

Con ella llegó una especie de revolución para bien. Esto se puso de manifiesto con ocasión de la guerra de Crimea. Su agudeza, propia de la intuición y perspicacia de la mujer, de su sentido práctico y del tan necesario sentido común, le hizo descubrir que las condiciones en las que se encontraban muchos de los heridos eran causa de que muchos de ellos murieran.

Elaboró un informe al respecto que abrió los ojos al secretario de Guerra, Sidney Herbert, el cual la envió a Crimea, al hospital que había en Scutari, el actual Uskudar de Constantinopla. Allí, Florence, acompañada de un grupo de 38 enfermeras voluntarias hizo lo que ningún hombre, lo que ningún médico hasta entonces, había caído en la cuenta que había que hacer de inmediato: hizo que allí imperara el sentido común, es decir, reformaron y limpiaron el hospital, a pesar de la reacción de doctores y oficiales.

Hizo instalar una fuente de agua potable, compró fruta y vegetales para la alimentación de los heridos y equipamiento sanitario de su propio dinero. En resumen: orden, limpieza, higiene y atención y delicadeza humana. ¿El resultado? Hicieron caer la tasa de mortalidad desde el 40% al 2%.

Después de esto, Florence ganó un gran reconocimiento y le fue posible emprender también una mejora en todo el sistema hospitalario del Reino Unido cuando volvió a Londres en agosto de 1856. Florence dedicó el resto de su vida a promover su profesión. Fundó una escuela de enfermeras que lleva su nombre.

Florence Nightingale murió el 13 de agosto de 1910 a los 90 años. Está enterrada en la Iglesia de St. Margaret, en East Wellow, cerca de Embley Park. Nunca se casó, aunque no por falta de oportunidades. Ella creía que Dios la había elegido para cumplir esa misión y que por tanto debía de entregarse a ella en cuerpo y alma, como hizo.-

Fuente: El Norte

 

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